El 26 de julio, día en que fueron asaltados los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, no constituye únicamente una fecha cualquiera ni un mero acto. Es un símbolo de rebeldía, parte del alma de Cuba y de cada uno de sus hijos. De canciones y versos también está hecha la Patria y la Revolución cubanas. Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, se encuentran entre los cantautores de la Nueva Trova que le han cantado a la efeméride.
Pero sin dudas, existen otras surgidas en el fragor de la lucha insurreccional, o al calor de historias de hombres y mujeres cuyas vidas iluminaron el futuro inspirados en aquel centenar de jóvenes que se alistaron para darle una lección al tirano Fulgencio Batista.
Ya estamos en combate
Uno de los poetas fue Raúl Gómez García, el Poeta del Centenario, quien no solo redactó el Manifiesto a la Nación previo a los acontecimientos del 26 de julio, sino además un poema de su autoría: Ya estamos en combate, texto de extraordinario valor histórico, convertido en arenga para aquellos hombres, que entraron a la historia Patria con el apelativo de la Generación del Centenario, a luchar por la libertad plena de Cuba.
En sus estrofas nos dice:
La libertad anida entre los pechos de los que viven hombres
Y por verla en la estrella solitaria es un honor luchar
A la generación del centenario le caben los honores,
De construir la patria que soñara el Maestro Inmortal.
Ya estamos en combate…
¡Adelante! / Adelante hasta el nido superior de la gloria
Para que nazca en esta nueva aurora
La república digna y decorosa
Que fue el último anhelo de Chibás.
No importa que en la lucha caigan más héroes dignos
Serán más culpa y fango para el fiero tirano
Cuando se ama a la patria como hermoso símbolo
Si no se tiene armas se pelea con las manos.
Ya estamos en combate…
¡Adelante!
De nuestra lucha heroica depende la Cuba verdadera
La de furia loca de Gómez y Agramonte…
La de la lucha pura de Mella y de Guiteras…
Adelante, cubanos… ¡Adelante!
Por nuestro honor de hombres ya estamos en combate
Pongamos en ridículo la actitud egoísta del Tirano
Luchemos hoy o nunca por una Cuba sin esclavos
Sintamos en lo hondo la sed enfebrecida de la patria
Pongamos en la cima del Turquino la Estrella Solitaria.
Los versos de Raúl Gómez García, inflamados de patriotismo, marcaron los pasos de una generación cubana, aquella que no dejó morir la vigencia del pensamiento del Héroe Nacional, José Martí, cuando se cumplían cien años de su nacimiento, en 1853.
Himno del 26 de Julio
En aquellos días épicos Agustín Díaz Cartaya era uno de los tantos jóvenes que se sumaron al movimiento revolucionario liderado por Fidel Castro Ruz. En la finca habanera de Santa Elena practicaban el tiro, a pocas semanas de los asaltos a las fortalezas militares Guillermón Moncada, en Santiago de Cuba; y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. El 19 de julio recibió la misión de componer el himno que acompañaría el reinicio de la batalla. Solo necesitó tres días para crear la obra que lo trascendió a la historia cubana.
Y es que Fidel conocía de la afición de Díaz Cartaya por la música. Así fue como entre “el ir y venir de los trajines conspirativos, se entera que me defendía en el canto y la composición y me da la encomienda”; evocaría más tarde en sucesivas entrevistas donde se confiesa un músico autodidacto, “no sé si llamarle virtud. La letra y la melodía me vinieron a la mente juntas, salieron de mi alma…”, ha dicho siempre.
Al principio recibió el nombre de Himno de la libertad, aunque la pieza sería más conocida como Himno del 26 de Julio, toda vez que nació entre las jornadas de la preparación combativa, participó del asalto y contribuyó al anhelo patrio desde la cárcel de Boniato, en la antigua provincia de Oriente, primero; y luego en el Presidio Modelo, de la entonces Isla de Pinos.
Marchando, vamos hacia un ideal
sabiendo que hemos de triunfar
en aras de paz y prosperidad
lucharemos todos por la libertad.
Adelante cubanos
que Cuba premiará nuestro heroísmo
pues somos soldados
que vamos a la Patria liberar
limpiando con fuego
que arrase con esta plaga infernal
de gobernantes indeseables
y de tiranos insaciables
que a Cuba han hundido en el Mal.
(…)
Después de los asaltos, y prisionero junto a compañeros de ideas y armas, Díaz Cartaya le cambió una estrofa a partir de la observación de Fidel Castro, quien escribió en una nota a Thompson (seudónimo del autor) que recuerde la sangre derramada.
Por la sugerencia, compuso entonces:
La sangre que en Oriente (Cuba) se derramó
nosotros no debemos olvidar
por eso unidos hemos de estar
recordando a aquellos
que muertos están
De igual forma,
sustituyó una de las partes originales.
Años posteriores, al ser musicalizado por Carlos Faxas y otros compañeros en la
emisora Radio Cadena Habana, en febrero de 1957, el Himno del 26 de Julio tuvo
otra modificación, testimonió su creador. La palabra Oriente (de la estrofa
mencionada) fue sustituida por la de Cuba para evitar regionalizarlo, señaló el
también padre de la Marcha de América Latina.
Era la mañana de la Santa Ana
Uno de los poemas más conocidos alegóricos a la fecha moncadista lo es sin dudas Era la mañana de la Santa Ana, de Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí) quien lo creó e hizo público seis años después, tras haberse producido en Cuba la victoria de la Revolución. Viajaba entonces rumbo a Viena para participar en el VII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en 1959. Su poema impresionó a los jóvenes cubanos que participarían en ese evento.
En dichos versos Orta Ruiz expresó:
Era la mañana de la Santa Ana,
mañana de julio pintada de rosa.
Nadie presentía que saldría el Sol
por la silenciosa granja de Tizol.
Santiago el Apóstol, marchito, dormía
como derribado por la algarabía
de conga y charanga, locura y alcohol.
Era la mañana de la Santa Ana…
¡Oh, la incubadora de la redentora granja Siboney!
¡Qué gloriosos gallos dieron a la aurora
viejas y olvidadas posturas de Hatuey!
También en el citado poema detalló al evocar a los jóvenes revolucionarios cuando se dirigían hacia el cuartel Moncada:
Iban decididos por la carretera…
Por todo el paisaje se abrió la bandera.
En la caravana de los inmortales
iban dos mujeres de pureza estoica:
también procedían de la granja heroica,
de la incubadora Mariana Grajales.
Eran soles previos que con su alborada
rasgaron las nieblas del cuartel Moncada
La Patria en tinieblas vio sus rumbos claros
a la luz precisa de urgentes disparos.
Era la mañana de la Santa Ana.
La sangre vertida no fue sangre vana.
Y al referirse a la represión desatada por los soldados de la dictadura contra los combatientes revolucionarios que fueron apresados, ya cómo los asesinados se convirtieron en símbolos, Naborí expuso:
¡Qué ciegas estaban las manos de aquel
que arrancó los ojos, los ojos de ensueño
los ojos de Abel! ¡Los ojos de Abel!
que ahora son estrellas de un cielo risueño
y alumbran el paso triunfal de Fidel!
Canto al Moncada
Carilda Oliver Labra, escritora matancera, se inspiró también en aquella gesta para escribir su Canto al Moncada (1978), décimas fieles a la historia de las acciones del Día de la Santa Ana, impregnadas de pasión en las cuales manifiesta abierta admiración por la gesta y rinde honor a los jóvenes de la Generación del Centenario, y a los héroes asesinados por los testaferros del tirano Fulgencio Batista.
Sobre esos versos la reconocida poeta confesó a la periodista Bárbara Vasallo que los escribió después de haber leído un reportaje de Marta Rojas, reportera del juicio del Moncada y testigo presencial de la defensa de Fidel Castro en la pequeña salita del hospital civil Saturnino Lora, de Santiago de Cuba. “Me impresionó la narración, cuando el joven abogado denunció no encontrarse enfermo, habló de sus hermanos muertos y de sus proyectos revolucionarios. Quise ser lo más fiel posible a lo ocurrido allí, por eso hay fragmentos que no son tan poéticos, sino más bien la historia viva escrita en versos”.
Carilda no contiene la emoción, da riendas sueltas.
Sonó el viril alegato
entre bayonetas fieras.
¡Con qué vuelo de banderas
apoyaban su arrebato!
Desde el perfil al zapato
criollo como el yarey.
Profeta de nueva ley,
honda esperanza de todos,
en medio de tantos lodos
lengua le vino de Hatuey
(…)
(Ya lo escuchaba la Sierra,
aún escuchándolo está)
Y hubo otro ¡no! en Baraguá
cuando patético y puro
dijo con fe en el futuro:
¡La historia me absolverá!
En canciones y versos se le canta a la Patria y a la Revolución cubanas. Pasiones que quedan en la melodía de estos cantos de lucha, hoy más que nunca vigentes porque como ayer: seguimos en combate.
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