Tal vez así
transcurrieron muchas de las noches de José Martí durante su estancia en los
Estados Unidos; noches frías en las que solo una buena copa podía traer calor
al cuerpo.
Hay quienes
erróneamente atribuyen a “Pepe” el vicio por la Ginebra, bebida alcohólica
holandesa obtenida a base de un 30 por ciento de cebada y cereales, pero él era
un amante moderado de los vinos.
“El vino —decía—es
vida líquida, y sangre de la tierra, que trae espíritu al hombre”.

