¿Se ha perdido la cultura del cine en la ciudad de Cienfuegos? ¿Tecnología, competencias o políticas culturales? ¿Tendrá un desenlace feliz esta trama?
Hoy la ciudad de Cienfuegos no tiene cines. Subsisten
los espacios, pero inhabilitados, sin la capacidad de seducir a nadie. La noche
que cae sobre las salas trasluce el divorcio con el ambiente oscuro y romántico
de la proyección de un filme. Y las pantallas, gigantescas, lucen diminutas… Comparten
la misma experiencia desoladora de las butacas vacías.
Sin embargo, no siempre fue así. Ayer, unas
décadas atrás, la urbe parecía encantada por el invento de los hermanos
Lumiére, al punto de trascender como una de las plazas más fuertes del séptimo
arte en el país. Hacia finales de los años 20, la prensa de la época informaba
la programación de los principales cines: Luisa, Prado, Trianón, Colón, Niza,
Martí.
Con el tiempo, algunos desaparecieron y
surgieron otros, aunque ese proceso lógico de evolución no apagó su hechizo, ni
siquiera con el surgimiento de la televisión: aquellas imágenes en movimiento,
rodadas en grandes proporciones, tenían su misterio. Montones de personas se
engalanaban para la ocasión: los caballeros con el sombrero de moda, las damas
con largos vestidos, los niños…


