Flama y brisa se imbrican en tibia caricia. Nodriza del crepúsculo, la ciudad aguarda el alba y reverencia el mar que la corteja. Simbiosis de océano y resol; génesis de sus epítetos y suntuosidad; especie de sortilegio de esta ribera caribeña... Cienfuegos, la Perla del Sur.

martes, 15 de abril de 2014

Líricas para una victoria: Playa Girón (+videos y poemas)

Por Mercedes Caro Nodarse
Caricatura de Carlos Alejandro Miranda Ramírez, Falco.
Los acontecimientos históricos, sobre todo aquellos que marcan grandes hitos poseen dos singularidades: en sí mismos son trascendentales y han sido llevados a representaciones artístico-literarias. Las acciones de Playa Girón constituyen un ejemplo fehaciente de lo antes expuesto.
  Numerosas son las obras dedicadas a cantarle a la gesta en la cual la Mayor de las Antillas venció al imperialismo yanqui, cual David que derriba a Goliat. La recreación de este episodio de la historia de Cuba, abarca emblemáticas canciones: Girón: Preludio, de Silvio Rodríguez, y Girón: La victoria, de Sara González; libros de testimonio: Girón en la memoria (1970), de Víctor Casaus, y Niños héroes de Playa Girón (1983), de José Mayo, deslumbrantes carteles que reviven momentos de la epopeya y sentidos poemas de varios autores cubanos.
  Esas composiciones que se estructuran a partir de temas como la revolución, la llegada de los mercenarios a Girón, la denuncia y caracterización de estos, la identificación de los milicianos cubanos, los resultados de la invasión y el homenaje a los muertos.

   La tragedia sucedida a Nemesia Rodríguez Montalvo, una niña de 13 años, inspiró a Jesús Orta Ruiz para escribir uno de los poemas más estremecedores de la gesta de Girón: Elegía de los zapaticos blancos. En los primeros versos el sujeto lírico viene a contar al lector una historia que muestra  el contraste de la vida en la Ciénaga, antes y después del triunfo revolucionario. Esta antítesis, en el empleo de opuestos en dos versos —sol en “el sol de Fidel Castro”, e infierno en “el infierno de fango”—, hace visible los cambios que el proceso revolucionario cubano trajo para las personas de ese lejano paraje. Sus estrofas ofrecen al lector los beneficios que, en el orden social y económico, se propuso la gesta del enero triunfante, y uno de los más importantes fue llegar a “todas las manos”. Con esa llegada también Nemesia, niña carbonera que anhelaba tener unos zapatos blancos, logra que se haga realidad su ansiado sueño: “Llevaba en sus pies el triunfo/de sus zapaticos blancos”. Entonces comienza su tragedia, el estreno de sus nuevos zapatos es interferido por la invasión. En este caso, Jesús Orta Ruiz traza una caracterización plural de los agresores: furiosos pájaros, aviones yanquis, buitres mercenarios, huracán de disparos. Los invasores constituyen una masa que ataca y destruye casas, asesinan a las personas, pero también intentan impedir que los sueños se cumplan. A los usurpadores se oponen los milicianos que “rompieron a los traidores”, y son “este sol que está brillando”. Los resultados del ataque, pues, redundaron a favor del pueblo que con “hijos libres y valientes”, salió a defender las conquistas de la Revolución y los sueños realizados.

Elegía de los zapaticos blancos

Por Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí

Vengo de allá de la ciénaga,
del redimido pantano.
Traigo un manojo de anécdotas
profundas, que se me entraron
por el tronco de la sangre
hasta la raíz del llanto.
Oídme la historia triste
de los zapaticos blancos...
Nemesia -flor carbonera-
creció con los pies descalzos.
¡Hasta rompía las piedras
con las piedras de sus callos!
Pero siempre tuvo el sueño
de unos zapaticos blancos.
Ya los creía imposibles.
¡Los veía tan lejanos!
Como aquel lucero azul
que en el crepúsculo vago
abría su flor celeste
sobre el dolor del pantano.
Un día, llegó a la ciénaga
algo nuevo, inesperado,
algo que llevó la luz
a los viejos bosques náufragos.
Era la Revolución,
era el sol de Fidel Castro,
era el camino triunfante
sobre el infierno de fango.
Eran las cooperativas
del carbón y del pescado.
Un asombro de monedas
en las carboneras manos,
en las manos pescadoras,
en todas, todas las manos.
Alba de letras y números
Sobre el carbón despuntando.
Una mañana... ¡Qué gloria!
Nemesia salió cantando.
Llevaba en sus pies el triunfo
de sus zapaticos blancos.
Era la blanca derrota
de un pretérito descalzo.
¡Qué linda estaba el domingo
Nemesia con sus zapatos!
Pero el lunes... ¡despertó
bajo cien truenos de espanto!
Sobre su casa guajira
volaban furiosos pájaros.
Eran los aviones yanquis,
eran buitres mercenarios.
Nemesia vio caer muerta
a su madre. Vio
sangrando a sus hermanitos.
Vio un huracán de disparos
agujereando los lirios
de sus zapaticos blancos.
Gritaba trágicamente:
¡Malditos los mercenarios!
¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!
¡Ay, mis zapaticos blancos!
Acaso el monstruo se dijo:
Si las madres están dando
hijos libres y valientes,
que mueran bajo el espanto
de mis bombas. ¡Quién ha visto
carboneros con zapatos!
Pero Nemesia no llora.
Sabe que los milicianos
rompieron a los traidores
que a su madre asesinaron.
Sabe que nada en el mundo-
-ni yanquis ni mercenarios-
apagarán en la patria
este sol que está brillando,
para que todas las niñas
¡tengan zapaticos blancos!

  No huelen a tierra, de Fayad Jamís presenta la invasión a Bahía de Cochinos con un símbolo: las manos. Tal simbología también posibilita la presencia de un contraste entre lo que traen las manos mercenarias (la destrucción) y lo que poseen las cubanas (la construcción). En las de unos y otros yace lo que son capaces de hacer o no. Desde la primera estrofa aparece ya la contradicción. Las primeras manos descritas por Fayad son las invasoras. A partir del empleo de no —adverbio de negación—, se evidencia que ellas no vinieron a entregar, sino a robar. Funcionan como vehículo negativo. No poseen nada y no pueden ofrecer ni servir. Las manos mercenarias “no huelen a trabajo”, “no huelen a tierra”. Y lo más interesante de este poema es que no aparecen las manos milicianas; porque a Fayad no le hace falta que aparezcan. El pueblo está presente en cada una de las actividades que el autor menciona y que no pueden realizar los invasores. Pues, indiscutiblemente, ya los cubanos llevaron a cabo las acciones positivas que aquellos no son capaces de desempeñar.

No huelen a tierra

Por Fayad Jamís

No trajeron flores ni semillas;
no vinieron a llenar nuestras casas de pan o de música;
no vinieron a sentarse en el portal a hablar de los días hermosos,
del amor o el trabajo.
Sus manos no huelen a tierra.
N o vinieron a reunir los ladrillos
de la casa tranquila;
no vinieron a ordeñar la vaca
húmeda de estrellas y rocío;
no vinieron a cortar los viejos árboles con los que haremos nuestra mesa;
no vinieron a enseñarnos a leer
ni a curar nuestras manos heridas;
no vinieron a acompañarnos a soñar en el mundo que estamos construyendo con sudor y alegría.
Sus manos no huelen a tierra.
Sus manos no trajeron penachos de palomas,
ni sacos de maíz ni cajones de libros;
sus manos no trajeron barriles de aceite
ni vasos, ni martillos, ni violines;
sus manos no trajeron la esperanza;
sus manos no trajeron el amor;
sus manos no trajeron la amistad;
sus manos no trajeron la alegría;
sus manos no trajeron la paz;
sus manos no trajeron la vida.
Sus manos no huelen a tierra.

 Roberto Fernández Retamar, en su Epitafio, utiliza la primera persona del plural, nosotros, para adentrar al lector en la gesta llevada a cabo por los milicianos. El protagonista de esta composición es el héroe cubano. Un héroe que representa a todos, es múltiple. Él deja atrás sus labores diarias para avanzar en la defensa de su Patria. Más allá del lugar atacado, Playa Girón, hay otros territorios soberanos; otros espacios cubanos o no, que necesitan proteger su libertad, confían en la fuerza de las armas cubanas. Ellos serán defendidos cuando sea necesario. Nosotros, “nuestros pechos trabajadores”, nos enfrentamos a “invasores asesinos”  hasta la muerte.

Epitafio 

 
Por
Roberto Fernández Retamar


Abandonado el sembradío o el beso
O el monte del oscuro carbón,
Avanzamos sobre los invasores que armara
el extranjero miserable.
Defendimos con nuestros pechos trabajadores
No solo este territorio mitad tierra mitad agua,
Sino la isla toda, y más allá de sus costas
El inmenso mundo que confiaba en nosotros
-Hasta caer, agujereadas las camisas azules y verdes-.
Viajero: ve a decir a nuestros hermanos vivos
Que aquí sigue flameando la bandera de Cuba
Y da sombra a la fértil cosecha de nuestros huesos.

  En el poema de Jesús Cos Causse, Por los caídos en Playa Girón, la realidad histórica está determinada por la victoria de los cubanos, pero vista a través de quienes entregaron su vida en aras de la Patria. Los primeros versos evidencian lo que ya no podrán hacer los muertos, y da paso a la caracterización de estos: “Y ahora solo tienen la estatura de las palmas/y andan de prisa como entre las ráfagas de la/guerra./Izan la bandera, entonan el himno”. Con la descripción de las cualidades de los milicianos caídos, se demuestra que, a partir ese momento, su misión es vigilar el porvenir de su tierra. Su presencia en la Isla les permite ser parte de cuanto suceda en ella: “Están muertos, y sin embargo, qué bien abiertos/tienen los ojos”.

Por los caídos en Playa Girón

Cos Causse

Ellos no podrán tocar la guitarra, compartir
la esperanza con una mujer, o sencillamente soñar.

Entonces están muertos.

Y ahora solo tienen la estatura de las palmas
y andan de prisa como entre las ráfagas de la guerra.
Izan la bandera, entonan el himno.
A veces, sobresaltados estremecen la tierra.
Vigilan nuestras escuelas, los parques de los niños,
las jornadas jubilosas, el futuro.

Están muertos, y sin embargo, qué bien abiertos
Tienen los ojos.

  Nicolás Guillén, nuestro Poeta Nacional escribiría Abril sus flores abría y La sangre numerosa. El primero comienza refiriendo un lugar lleno de paz y belleza, Girón, que es agredido desde el norte. Luego da paso al retrato de los mercenarios y la respuesta del pueblo cubano ante el ataque. Mediante el uso de reiteraciones, el poeta realza la imagen de quienes defienden su patria de los invasores: “pero el pueblo los achica, /los achica y los envuelve, /los envuelve y los exprime/y los exprime y los tuerce”. La última estrofa demuestra cómo los valores patrios inspiran a los hombres a salvaguardar su país. Es una apreciación de la derrota de los mercenarios en las aguas de Girón.

Abril sus flores abría

Por Nicolás Guillén

Abril sus flores abría,
manto azul, corona verde,
rey de serena fragancia
que apenas las hojas mueve,
cuando desde el alto norte
flota de piratas viene
a herir con fácil cuchillo,
como los traidores hieren,
el gran pecho de Girón
que junto a la mar se extiende.
Pagados están en dólares
y en inglés órdenes tienen
de que en Cuba ningún ensueño,
ni una flor, ni un árbol quede.
Asaltan de noche oscura
para matar y esconderse,
pero el pueblo los achica,
los achica y los envuelve,
los envuelve y los exprime
y los exprime y los tuerce.
Ante las balas que silban
Temerosas nalgas vuelven:
En el mar buscan refugio,
mas las olas no los quieren;
sus barcos desmantelados
son ruinas que el agua ofende.
Ansiosos de no morir
muertos están para siempre:
el pueblo les enseñaba
que solo vive quien muere
con el pecho entre las nubes
y la sangre a la intemperie.

  “La sangre numerosa” se alza como homenaje a  Eduardo García Delgado, miliciano que, antes de morir, dejó escrito con su sangre el nombre de Fidel. El poema no se puede considerar una elegía, aunque en él se evidencie el lamento por la pérdida de la vida. Esta composición es un canto a todos lo que derramaron su sangre en las arenas de Girón, porque Eduardo García es símbolo de los milicianos muertos en defensa de su tierra. La inmortalidad de las ideas que representa el joven, es lo que estremece en cada verso de “La sangre numerosa”. Una inmortalidad que revela al héroe como debe quedar en la historia de Cuba.

La sangre numerosa

Por Nicolás Guillén

Cuando con sangre escribe
FIDEL este soldado que por la Patria muere,
no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive.

Cuando su voz en pena
lengua para expresarse parece que no halla,
no digáis que se calla,
pues en la pura lengua de la Patria resuena.

Cuando su cuerpo baja
exánime a la tierra que lo cubre ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues por la Patria en pie resplandece y trabaja.

Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido
Su sangre numerosa junto a la Patria queda.

  Desde el espacio lírico, los poetas marcaron una impronta trascendental sobre la hazaña del pueblo. La posición asumida por los cubanos frente a la agresión militar, se alza como una de las más destacadas temáticas dentro de la poesía cubana después de la Revolución. Los tópicos comunes se enriquecen a partir de la visión y análisis de la epopeya, y de los recursos expresivos empleados en los poemas, por escritores que han sabido hacer suyo el Girón ejemplo de todos los tiempos. El canto eterno de la poesía a los héroes y su denuncia del ataque a una tierra soberana, harán que su recuerdo perdure por siempre en los cubanos, cada abril, cuando sus flores abran.

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