Por
Mercedes Caro Nodarse
“Cuando a
Cienfuegos llegué / y esa ciudad quise
verla / la que la llaman la
Perla…”
(estribillo de la
popular canción de BennyMoré)
Exhibir al mundo la perspectiva de una ciudad
hermosa y protegida por sus habitantes, convoca a cerrar filas en torno a
la imagen que nos une: la de una urbe
que se distingue por sus múltiples valores arquitectónicos e histórico–culturales
y con suficientes méritos como para incluir su Centro Histórico entre las
herencias comunes de la humanidad.
Así, coqueta y seductora asoma a los ojos de
quien la inscribe a diario en la suela de sus zapatos, gastados de tanto
andarla, o de aquel viajero que allende los mares, llega hasta ella para dejar
sobre sus calles los sudores de sus pasos y ardores turísticos.
Armonía parece haber sido quien inspiró la
construcción de esta ciudad de Cienfuegos, desde que un agrimensor aventurero
trazó las calles bajo una vieja majagua hace casi 200 años.
Las cintas larguísimas de fachadas
neoclásicas en su homogeneidad distinguen la antigua Fernandina de Jagua del
resto de nuestras ciudades y le confieren un valor arquitectónico único,
subestimado a veces por su relativa modernidad.