Flama y brisa se imbrican en tibia caricia. Nodriza del crepúsculo, la ciudad aguarda el alba y reverencia el mar que la corteja. Simbiosis de océano y resol; génesis de sus epítetos y suntuosidad; especie de sortilegio de esta ribera caribeña... Cienfuegos, la Perla del Sur.

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jueves, 17 de diciembre de 2015

Martí, a la entrada de la viña



  Pareciera verlo aparecer. Entrar en traje negro, un poco empolvado, como quien recorre varios kilómetros en busca de algo. Llega casi al anochecer y se sienta en una mesa para cenar. El dinero no alcanza para mucho, pero la comida debe ser buena, aunque sea poca y no esté entre los manjares más exquisitos. Por último, no debe faltar una buena copa de vino, mucho mejor si es Mariani, entre los más agradables de la época.
  Tal vez así transcurrieron muchas de las noches de José Martí durante su estancia en los Estados Unidos; noches frías en las que solo una buena copa podía traer calor al cuerpo.
Hay quienes erróneamente atribuyen a “Pepe” el vicio por la Ginebra, bebida alcohólica holandesa obtenida a base de un 30 por ciento de cebada y cereales, pero él era un amante moderado de los vinos.
“El vino —decía—es vida líquida, y sangre de la tierra, que trae espíritu al hombre”.
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