Cuando el rinoceronte llegó al Museo de Arte
Latinoamericano de Long Beach (MOLAA), en California, se sintieron los últimos
pujos de un nacimiento que duró ocho años. William Pérez lo estimó así, nunca
fue concebido para habitar en el espacio interior de una galería.
“Tuve varias ofertas en mi taller, pero por ninguna me
decidí. Sabía que merecía estar en un sitio más participativo, de interacción y
diálogo constante”, esclarece el artista cienfueguero poco antes de sentarnos e
iniciar un recorrido por su obra creadora, esa con notables signos de
experimentación y ascensos continuos.