Si fuera la apariencia un requisito para definir profesión u oficio, Angelito sería cualquier cosa menos pintor. Quizás maestro, ingeniero…, tal vez periodista. Miren, no tiene melena, tampoco barba, ni viste a la moda del descuido. Claro, quienes le conocen pueden verlo a la legua, porque casi siempre anda con gorra y unas “gafotas” de cristales negros que le cubren rostro y medio.
Pero dejemos a un lado el aspecto, porque al final poco nos sirve. Ángel
Orestes Fernández Quintana, quien firma como Ández, sí es pintor. Lo lleva en
la sangre desde pequeño, incluso cuando era más pequeño que ahora. Pertenece a
esa suerte de enjambre de jóvenes artistas, envueltos en la aventura de oxigenar
el desarrollo de la plástica en Cienfuegos.
Lector voraz, músico, pintor…Varios caminos, ¿no crees?
“Cierto, aunque la plástica fue el origen de todo. De chiquito me
recuerdo dibujando, en la secundaria no paraba de hacerlo. Y así, hasta
aparecer la opción de la Escuela
de Arte. La primera vez no me aceptaron; ingresé al año siguiente.