Lo que se ha pretendido "ahogar" en el Estrecho de la Florida —y quien
sabe en cuántos estrechos o anchurosos espacios de este mundo, como
ocurre por estos días con el más de un millar de cubanos estancados en
suelo costarricense—, no es a la gente que "huye", sino a la resistencia
que se queda. La apuesta es presentar ante los ojos del mundo la
rebeldía de Cuba apagada por la "huida"
Por Ricardo Ronquillo Bello, de Juventud Rebelde
En lo más hondo de lo cubano palpita un Himno del desterrado, en unos casos como maldición, en otros como "salvación". Muchos entre nosotros han sufrido los estremecimientos de José María Heredia.
Hace unos años intenté imaginar el dolor del poeta alejándose al destierro. La silueta de la Isla amada en el horizonte, el alma en el fondo de su dolor, y los versos sacudiéndole: Cuba, Cuba, que vida me diste / dulce tierra de luz y hermosura / cuántos sueños de gloria y ventura / tengo unido a tu suelo feliz.
Oponer la migración al sueño libertario y justiciero cubano no se inició siquiera tras el triunfo revolucionario de 1959.
Hace unos años intenté imaginar el dolor del poeta alejándose al destierro. La silueta de la Isla amada en el horizonte, el alma en el fondo de su dolor, y los versos sacudiéndole: Cuba, Cuba, que vida me diste / dulce tierra de luz y hermosura / cuántos sueños de gloria y ventura / tengo unido a tu suelo feliz.
Oponer la migración al sueño libertario y justiciero cubano no se inició siquiera tras el triunfo revolucionario de 1959.
