Admirable
es la forma que compone alejado del solfeo académico. Atrapa su popularidad y
su figura desgarbada. Emociona el performance que logra con la
guitarra/micrófono. Sus temas, a pesar de su juventud, son capaces de
profundizar en argumentos ya convencionales (el amor/desamor, la crítica
social…), pero con una fresca manera de decir; y las melodías varían ampliando
su espectro sonoro.
La
atmósfera de la guitarra hizo transformar su realidad. Ingresar en la Asociación Hermanos Saíz
indicó la seriedad de su trabajo. Y el afán con que resolvió estudiar,
empíricamente, la canción de autor, presupuso que Rolando Rivera
quería en serio avanzar en el camino del arte. Luego se profesionalizó, y en
cada concierto o presentación acertaba, evidentemente, y mejoraba su interpretación.
