Ya me acostumbré a ver (no lo que quisiera) en la TV Nacional, y una de esas cosas maravillosas que nos regaló (lamento no lo haga con frecuencia) fue el concierto de Ivette Cepeda ofrecido en el teatro Mella los días que marcaban el fin del 2012. Desde mi sillón de convaleciente por mi enfermedad lo viví, lo lloré, lo sentí... Una crónica de Marta Valdés nos lo describe y yo quise copiarla en mi blog y compartirla, una vez más, con mis lectores.
Su voz llenó el teatro Mella de las esencias de Cuba, eran los días de finales del año 2012. Nos recordó a Elena, a la Mora, a Bola de Nieve. Nos trajo las letras eternas de Marta Valdés, Piloto y Vera, Juan Formell. Se gastó el lujo de estrenar canciones de Orlando Vistel, con el maestro en el piano. Envolvió toda la atmósfera con su melodía, su talento, su gracia cubana natural, su estatura musical y humana sin artificios ni maquillajes.
¡Cuánta falta nos hacía una voz que nos trajera hasta hoy a esas y esos grandes que han hecho rica y memorable a la música cubana!
¡Cuánta falta nos hacía una voz que nos trajera hasta hoy a esas y esos grandes que han hecho rica y memorable a la música cubana!

