Por Mercedes CARO NODARSE Fotos: Archivo personal de la autora
El mar cuando quiere, ruge; y está bravo y
choca una y otra vez contra los límites de la ciudad. Por estos días lo he
sentido con más fuerza, empapa los nuevos bancos, las farolas. El viejo espigón
se duele en lo profundo.
No sabría decir claramente cuántas veces
estuve aquí para cruzar la bahía de Cienfuegos. Era apenas una niña cuando mi
padre nos llevaba —a mi hermano y a mí— hasta la fortaleza de Nuestra Señora de
los Ángeles Jagua. ¡Muy esperados los domingos en casa!; tanto, que hasta nos
inventábamos historias de algún asalto de filibusteros, y nosotros, héroe y heroína,
defendiendo a los viajeros…
