"Es que en toda Cuba
esos toques se hacen con batá, mucho más suaves, y legitimados hasta
por Don Fernando Ortiz como idóneos para tales rituales. Palmira es una
excepción, eso nos distingue, y constituye otro aval en nuestro afán de
proponer las sociedades como Patrimonio de la nación".
La pequeña localidad, distante diez
kilómetros de la ciudad de Cienfuegos, fulgura por el
arraigo de la tradición sincrético popular. Cuentan que el otrora boom
azucarero del territorio, trajo aquí la historia esclavista, pues por esos
lares abundaron los ingenios.
"Podemos decir que desde los
albores del siglo XX nuestro pueblo pudo inscribir sus locales de culto o
sociedades, en momentos en que los negros en Cuba tenían aún prohibida la
realización de ceremonias", argumenta Marilín.

