Por Mercedes CARO NODARSE
Las gorgonas eran tres monstruos, cuyas
cabezas estaban rodeadas de serpientes, poseían grandes colmillos, manos de
bronce y alas de oro, las cuales eran conocidas por sus atrocidades y maldades,
capaces de convertir en piedra al que osaba mirarlas a los ojos. Hoy han
reencarnado en modernas bestias que, como salidas de la caja de Pandora, deambulan,
solapadas, por el interior de las entidades estatales.
Son tales los desaguisados cometidos
por la malversación, el robo y la corrupción, que no pocos ven cómo la piel se
les pone de gallina o se les erizan los pelos ante su presencia; quizá habrá
algunos que sufran de estrabismo o de una distonía en los músculos del cuello que
les impide voltearse para enfrentarlas.
Ahora recuerdo que en cierta
ocasión creí estar delirando, cuando escuché la intervención -en una de las
tantas reuniones a las cuales somos obligados a ir y darles cobertura- de un
participante: “Estamos señalados en el informe por la comisión de 18 delitos de
hurto en nuestra entidad, pero eso resulta INSIGNIFICANTE, si lo comparamos con
los 365 días que tiene el año”.
