Por
Antonio Enrique GONZÁLEZ ROJAS
Aunque suene contradictoriamente provinciano
y micro-chauvinista en esta época de disolución de las fronteras culturales,
donde toda noción de lo tradicional, nacional y regional delata crisis,
Cienfuegos no puede dejar de abrogarse el mérito prístino de ser el kilómetro
cero desde donde comenzó el artista Leandro Soto Ortiz, hace más de cuatro décadas,
su ininterrumpido periplo creativo hasta el presente. Ejecutoria extensa e
intensa la suya, donde la universalidad cultural, la confluencia de saberes y
estéticas, además de la pluralidad formal, son los signos más reconocibles.
Acometida desde inicios de la década de 1970 en Cuba y luego en casi todo el
mundo, el discurso de este performer, pintor, curador, profesor, intelectual,
actor, diseñador teatral, instalacionista y videoartista, se sustenta también
en Cuba y casi todo el mundo, delatando unas concepción y percepción
ontológicas de la cultura humana.
