Flama y brisa se imbrican en tibia caricia. Nodriza del crepúsculo, la ciudad aguarda el alba y reverencia el mar que la corteja. Simbiosis de océano y resol; génesis de sus epítetos y suntuosidad; especie de sortilegio de esta ribera caribeña... Cienfuegos, la Perla del Sur.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Agrimensor



A propósito del aniversario 90 de la fundación del cementerio Tomás Acea, fundado el 21 de noviembre de 2016, único camposanto jardín de Cuba
 
 Dominada ya por las civilizaciones antiguas —en cuyo fundamento asentaron parte de sus logros constructivos, científicos y civiles—, la agrimensura es el arte de saber medir las tierras, según el Diccionario Aristos, de 1976.
  Por consiguiente, la persona dedicada a la tarea establece cálculos espaciales, atisba la longitud de las áreas, rectifica límites. El agrimensor, suerte de topógrafo nutrido de diferentes disciplinas (geometría, trigononometría, ingeniería, arquitectura, historia, física, geomorfología…) y abocado por naturaleza a la delimitación de superficies, produce documentos cartográficos y, de tal, se integra a la memoria visual más práctica de los sitios donde sirvió.

  Tuvo el cementerio Tomás Acea, de Cienfuegos, a un connotado agrimensor, nacido y muerto en esta propia ciudad, del cual sin embargo no se han difundido elementos factuales. Virtualmente desconocido para el lector, en tanto su figura no ha sido reflejada por los medios, al socaire del aniversario 90 del camposanto sea oportuno poner en perspectiva pública a un hombre como José Federico Porrúa Taillacq (1901-1982).
  La Fundación Tomás Acea lo atrajo a su seno casi desde los inicios de la necrópolis inaugurada el 21 de noviembre de 1926. Fue a finales de esa propia década. Allí permanecería activo hasta mediados de la de los 60.
  Hizo el estudiante de Ingeniería de su asistencia técnica al camposanto una razón laboral y causa que por su devoción y calidad, extravasaría el mero hecho del trabajo en procura de una remuneración para convertirse en objeto de vida, instancia de crecimiento, blanco de su tesón e inteligencia.
  El trazado del recinto no se comprende sin pasar por el quehacer de Porrúa Taillacq, quien no solo parceló o silueteó; sino que además tuvo a su cargo el proyecto de varios de los panteones más significativos del lugar. 
 A su fecunda gestión se deben emblemas a la manera de los panteones de algunas de las familias más encumbradas de la aristocracia local (las únicas en posibilidad de autosufragarse tales habitáculos mortuorios, elaborados con mármol de Carrara, en talleres de Italia) como los Silva Fernández, Méndez Campillo, Cacicedo Torriente, Castaño Montalbán, Cabada, Gutiérrez Orfila, Navarro, Hernández Mauri y Pardo.
  Él configuró los proyectos, anteproyectos y/o croquis del alzado de dichos iconos de la necrópolis Monumento Nacional. Se investigó y constató que a José pertenecen sus bocetos, planos…, todo lo cual resultó debidamente identificado con su firma por parte de los especialistas del Grupo Cementerio de la Oficina del Conservador de la Ciudad, quienes hace menos de dos meses recibieron auspiciosa donación al respecto, que ha pasado a formar parte del denominado Fondo Porrúa Taillacq . De igual manera, a la autoría de José corresponden los proyectos de la infraestructura de hormigón armado para el panteón del señor Pedro Monasterio, el del mausoleo de la actriz Luisa Martínez Casado (ambos de 1942) y el del Colegio Médico de Cienfuegos (de 1929). También elaboró el del cementerio del Castillo de Jagua.
  Prácticamente, no se conocen datos de su vida privada, y la comunidad intelectual aguarda con entusiasmo que la especialista María Dolores Benet abunde de forma integral en torno a la figura del agrimensor cienfueguero, en ponencia a presentar dentro de la jornada por los 90 del camposanto.
  José diseñó su propio nicho mortuorio. Allí reposan sus restos, junto a los de su esposa. Se encuentra dicho panteón en el ala izquierda del camposanto, próximo al edificio administrativo. Él dejó señalado lo siguiente: “…es voluntad expresa del propietario de esta bóveda, José Porrúa Taillacq, que los restos de su esposa, Delia Margarita de la Torre y Valdés (…) permanezcan eternamente en ese lugar, sin que nadie pueda moverlos ni alterar esta disposición y cuando muera sea enterrado en esa bóveda y quede clausurada definitivamente”.
  El hijo de Antonio e Isabel, quien vivía en la avenida 50, entre 39 y 41, falleció el 10 de marzo de 1982 a las diez y treinta de la mañana, en el Hospital Provincial Dr. Gustavo Aldereguía Lima, como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio por infarto cerebral, según reza en su licencia de enterramiento. Hoy, a los 90 noviembres del cementerio Tomás Acea, es justo recordar a alguien cuyo legado se delineó para siempre en la propia imagen del lugar. (Por Julio Martínez Molina, tomado de 5 de Septiembre)

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