A la entrada del puerto de La Habana, a la izquierda, entre la vetusta fortaleza de San Carlos de la Cabaña y el pueblo de Casa Blanca, se levanta, majestuosa, una colosal estatua conocida como El Cristo de La Habana. Aunque con sólo cinco décadas de existencia, el monumento es parte de todo un conjunto arquitectónico que caracteriza la entrada del antiguo puerto de Carenas, descubierto por Sebastián de Ocampo entre 1508 y 1509. Su blanco mármol de Carrara contrasta con las grises piedras de un entorno cuatricentenario: las fortalezas de los Tres Reyes del Morro, San Salvador de la Punta, la Real Punta y San Carlos de la Cabaña, baluartes que durante siglos defendieron a La Habana de indeseables visitantes.
Desafiando el tiempo, en la cima de la Loma de La Cabaña y a 50 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la mayor escultura del mundo en mármol blanco de Carrara realizada por una mujer: Jilma Madera, nacida en la occidental provincia de Pinar del Río, Cuba. El sello personal de su autora, rompió con muchos cánones establecidos.
Desafiando el tiempo, en la cima de la Loma de La Cabaña y a 50 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la mayor escultura del mundo en mármol blanco de Carrara realizada por una mujer: Jilma Madera, nacida en la occidental provincia de Pinar del Río, Cuba. El sello personal de su autora, rompió con muchos cánones establecidos.





