Sobre el alcoholismo femenino
Comenzó a
ingerir bebidas alcohólicas por acompañar al esposo, un hombre bueno, quien
traía a casa todo cuanto necesitaba la familia; trabajaba duro, muy duro y ese
era el modo de “pasarla bien”, botella de por medio. Pero tras haber consumido
medio litro, aquello ya no era un hogar, sino un campo de batalla. Así, para
evadir el caos, ella se acostumbró a beber junto a él, hasta tornarse en hábito.
El intercambio
con especialistas de Salud se produjo tarde, muy tarde, en medio de una
consulta forense, luego de asesinar al esposo en una de las borracheras
vespertinas del cada día en las cuales se involucró la familia. Apenas si lo
había amenazado con un cuchillo de cocina mientras preparaba una ensalada, y un
rato después ya no había remedio. Dos hijos, uno pequeño y otro adolescente,
quedaron a merced de los parientes. Ese fue el saldo de esta historia,
dolorosamente real.
