Por Mercedes CARO NODARSE
La
sensibilidad y el humanismo resultan esenciales cuando del transporte público
se trata, pues ese sector —uno de los más deprimidos en la última década del
siglo pasado y que aún no acaba de resolverse a pesar de las múltiples medidas adoptadas—,
precisa de alternativas, como la de los carretones -ni coches, volantas,
quitrines o calesas. El encomiable sucedáneo permite a muchos jóvenes llegar
temprano a la escuela, a los obreros a sus centros de labor; a otros a una
consulta médica…
Estos medios
irrumpieron en la ciudad en la década de los 90 del pasado siglo —ascienden a
más de 400 en Cienfuegos, Cuba—, como paliativo a la carencia del transporte
urbano. Sin embargo, ya cuesta mucho decidirse si vamos en ellos hasta el
destino final, pues definitivamente, entre el alto precio de los alimentos y de
los artículos de primera necesidad, ahora los cocheros aumentaron el de sus
carromatos a 2.00 pesos hacia el Hospital —antes lo habían hecho en el trayecto
de Pueblo Griffo, Tulipán y Circunvalación-Buenavista—, con una hipersensitiva
falta de conciencia a las necesidades de la población.