Manuel Santos, en Crónicas de un comediante, de El Bachín... |
Se dio vuelta. Fue un giro lento. Y antes del primer paso en supuesta retirada, seguro, les buscó con los ojos por encima de su hombro izquierdo. ¡No como cualquier ser superior! No. Al final, él, ella, es por y a través de ellos, espectadores: una mujer que se lanzó al abismo del universo lorquiano; esa madre sin hijos y, más tarde, sin nada; el protagonista del circo capaz de convertir a un ciudadano común en el mejor futbolista del mundo.
Actor o actriz. Recién subió al escenario del “Tomás Terry”, o del “Guiñol”, “Guanaroca”, la sala A Cuestas, y hasta del verde Jobero. Lo hizo en solitario, al menos físicamente. Se colocó bajo la luz del reflector. Agarró fuerte el puñado de tierra traído desde Brasil, Uruguay, México, Argentina, Puerto Rico, Colombia, ésta u otras regiones de Cuba, incluso España e Italia. Entonces, mirando fijo al centro, gritó a una voz: “estuve aquí”.